Volví.

IMG_5055Volví.

Volví a traicionar, a traicionarme.
Volví a clavarme mis dudas y mis miedos.
Volví a defraudarme, a dañarme.
Volví a ese lugar oscuro que intenté dejar de lado.

Ayer mis miedos renacieron, mis inseguridades aumentaron y mi autoestima, por desgracia, disminuyó.
Ayer volví a ser yo y no quien fingía ser.
Ayer me clavé mis cristales en la piel.
Ayer me quebré un poco más.

Hoy, es el dolor quién me hace sentir viva.
Hoy no hay arrepentimiento.
Hoy no hay nada que pueda evitar volver a hacerlo.

Hoy la tristeza vuelve a por mí.
Hoy los monstruos se han colado en mi cabeza.
Hoy huyo de mí.

Mañana correré de sus miradas.
Mañana me esconderé de sus voces.
Mañana huiré de todos.

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Harta.

Quiero que me ayuden sin pedir ayuda. Harta de preguntas que no tienen respuesta, harta de pedazos, de piezas de puzzles que no encajan. Harta de mi, de todo esto que sucede cuando no hay nadie escuchando ni viendo lo que soy capaz de hundirme.

Que la negatividad siempre ha estado en mi, que muestre lo poco positiva que soy siempre no quiere decir que realmente lo sea. Quiero creer que solo son etapas malas, que ya vendrán las buenas; pero se que no, que todo me consume, que nada me consuela. Que no puedo con nada pero es todo lo que me puede, y me duele. Me duele el pecho, la cabeza, el corazón inexistente, me duele todo aquello que no debería. Me duele verme destruida. Me duele, me duele verme tan feliz fingiendo por no preocuparme, o tal vez, preocupándome demasiado por todos estos problemas.

Que solo estoy escribiendo otro de los pedazos que me forman, que solo estoy nadando para no ahogarme, solo estoy siguiendo el camino de sonrisas para ver si llego a ti y al fin pasa algo bueno en mi vida. El abrazarte y perderme en ti, bueno, o quizás me encuentre porque más perdida creo que es imposible.

Estoy condenada a aguantar a mis demonios, estoy condenada a seguir viendo como muere en mi la ilusión del vivir y como la muerte vive en mis venas.

Condenada a ver sonrisas llenas de lágrimas.

Te echo de menos.

Te echo de menos, echo de menos darte los buenos días aunque lo odiases porque te quieres morir nada más levantarte. Te echo de menos, echo de menos que me llames bebé, que me quieras, y que con cuatro tonterías fuese la persona más feliz del mundo. Te echo de menos, echo de menos tu sonrisa, tus audios cantando y bostezando, tus audios, tu voz; te echo de menos a ti. Se que no debería mandarte esto ¿y qué? ¿Tampoco debería de haberme enamorado de ti? ¿Tampoco debería seguir preguntándome qué hice mal para que esto acabase? ¿Tampoco debería preguntarme qué cambió tanto? ¿O si debería hacerlo? 

Joder, no lo se. No sé que mierdas me pasa, no se si tu estas bien pero yo no. Yo te echo de menos y echo de menos todo y solo quiero que me digas que es una broma y que me sigues queriendo como yo a ti. Pero no va a pasar y joder ojalá pasase y no se da igual…

Duele(s).

Todo sucedió demasiado rápido.

“Ya me he cansado”. 

Cuatro palabras que rompen todo en mí, algo así como cuando te dicen “tenemos que hablar”, pero sin avisar antes de acabar. 

Y te vas como llegaste, por sorpresa. 

Y me quedo igual que antes de que llegarás, pero un poco más vacía porque te has llevado un pedazo de este corazón fragmentado. 

Me duele y me escuece, porque me marcaste con cariño pero también con dolor, con el dolor de no tenerte. Porque cada vez estaba más enamorada de ti, y de repente, sin avisar, dijiste adiós; tal vez también fue mi culpa, no lo sé. 

Pero me duele(s), me duele(s) aquí dentro, en el corazón.

Estoy ahogada.

Estoy ahogada, hay tantas palabras en mi que son ellas más que yo. Llevo tiempo sin sentarme a nadar para salir a flote, y creo que ha pasado demasiado tiempo porque en serio, estoy tan hondo que ningún rayo de sol llega a esta profundidad en la que me encuentro. Alrededor no hay nada, solo oscuridad, frío y soledad. Y ahí estoy, ahogada. 
“A veces del dolor más profundo salen las creaciones más bonitas”
Y es cierto, pero no porque hablen de cosas felices ni porque creas que me paro a pensar en que palabra quedará mejor a continuación, simplemente convierto todo lo que llevo dentro, que al fin y al cabo son palabras, en esto que lees. Y no, no digo que esto vaya a ser una de esas creaciones bonitas, simplemente notarás que alguna vez te has sentido así o te sientas ahora; yo no intento agradar a nadie con estas palabras simplemente nado, y nado para salir de este profundo mar en el que a veces me encuentro.
Nado, y nado, y no hay nada aquí. Solo yo, nadando. Siempre me ha gustado nadar, porque me encanta la sensación de aguantar el aire en los pulmones y no dejarlo salir, de hecho, alguna vez he aguantado tanto la respiración que veía todo muy borroso, pero seguía nadando hasta salir a flote.
Nado, y nado, y solo estoy yo. No es que sea egocéntrica, es que no hay nadie más, porque todos se fueron o tal vez aún no han llegado los que van a quedarse conmigo. Y sigo sola, aunque en verdad no lo estoy, porque hay más gente que nada, y nada, que están tan perdidos como yo.
Nado, y nado, y empiezo a ver algo de luz. ¿Mamá? ¿Papá? ¿Sois vosotros? Ayudadme, me duelen los brazos de nadar, pero no puedo parar porque si no volvería a hundirme y no creo que pueda salir otra vez de toda esa oscuridad. 
Nado, y nado, y no me rindo. Pienso que respiro hondo, tan hondo como estaba hundida, porque necesito calmarme, necesito seguir. Y sigo, sigo superando miedos, engaños, inseguridades.
Nado, y nado, y el sol es tan fuerte que me ciega. Estoy rodeada de gente que solo pregunta sobre mi estado, y solo estoy cansada, solo necesito que me abracen y dejen de hacer preguntas porque sino volveré a hundirme.
Ya no nado, porque ya estoy en tierra. Ahora solo camino, camino y camino, porque todavía no te he encontrado y quiero hacerlo pues si no consigo encontrarte sentiré como si todavía estuviese sola en esa profundidad. 
Necesito encontrarte a ti, es decir, a mi.

“Me río porque me tienes loco”

Y quién me iba a decir que a estas alturas de la vida tú ibas a decirme algo así; que te ríes de mis cosas empalagosas pero solo porque estás loco, loco por mí. Si yo ya había asumido que estaba luchando en una guerra perdida, que estaba ahí aguantando porque no he conocido (ni creo que conozca) a nadie más maravilloso que tú, mira por dónde, siempre hay algo que da la vuelta, y espero que si esto tiene que dar otra vuelta que sea solo para viajar por todo el mundo, ya sabes, la vuelta al mundo; aunque todo se puede sustituir (no, tú no) podemos cambiar esa vuelta al mundo por muchas vueltas en la cama, tú ya me entiendes.

¿Y sabes qué le respondí a eso? Que si tenía que ir al manicomio que se buscará uno cerca porque tendría que ir a verle, y así somos a ratos; nos tomamos el amor con humor e intentamos pensar, al menos yo, que algún día todo esto será más verdad, más real.

Y yo lo sé, sé que tú y yo somos más que todos esos kilómetros, que aunque no caíste del cielo en el lugar adecuado, tranquilo que te alcanzaré y entonces, solo entonces la vida será más vida y el Sol brillará más para nosotros, la Luna no fallará ni un día porque no querrá perderse ni uno de nuestros besos. 

Sin música la vida sería un error.


Cuando todo va mal, cuando estoy al borde del precipicio, cuando mis lágrimas quieren saltar, cuando mis demonios empiezan a gritar; es entonces cuando los cascos son mis mejores amigos, cuando la música suena más alta que mis problemas, cuando las voces se vuelven susurros, cuando mis ojos dejan de sangrar recuerdos; es cuando la música inunda mi cuerpo.

Cuando en medio de la noche me despiertan las pesadillas, es la música quien hace que me calme, que olvide las cosas horribles. 

Me acompaña siempre, o yo la acompaño a ella, no sé, es la voz principal en mi vida, es la encargada de estabilizar mis emociones. 

Y cuando sonrío, y la escucho, mi cuerpo quiere bailar, quiere saltar, quiere agradecerle a la música su existencia. Porque sin ella, no podría ser feliz.

Y mis momentos favoritos, son mientras me pierdo imaginando un futuro, mi futuro; soñando como me pierdo entre tus brazos, soñando como mi sonrisa es la que ilumina el cielo. Vivo imaginando cómo sería vivir cerca, cómo sería mi vida dentro de unos años, tras un esfuerzo que aún no he empezado, pero que ya estoy preparada para empezar. 

Y aquí, mirando al techo, aunque quisiera mirar a la música a los ojos, o sea, mirarte a ti; aquí paso mis noches imaginando mi futuro mientras ella me acompaña, mientras se encarga de darle vida a mi corazón.

La música me hace soñar, me hace reír, me hace recordar y llorar, me hace bailar; la música me hace ser vida.

Oscuridad. 

A cada letra más me muero y más viva me siento, es una paradoja tan grande como cuando digo que te odio y lo que pretendo decir es que te quiero.

Me acostumbro a escribir en la noche, cuando nadie puede leer mis lágrimas, cuando solo la luna es la valiente que me vigila desde arriba; porque probablemente las pocas estrellas que se distinguen, ni siquiera estén vivas, solo sean polvo que brilla en el oscuro terciopelo. La noche es de los que sabemos disfrutar de su silencio, de su paz, de su soledad; y es que parecemos imbéciles, cuanto peor estamos, peor nos queremos sentir. Nos dedicamos a recordar cómo sonreía esa persona que se alejó de tu vida, o tal vez fuiste tú quien se despidió; nos dedicamos a recordar aquel beso de esos labios que ya no volverán, por recordar, recordamos hasta esos momentos que aún estando mal, estábamos mejor que en esa noche de tristeza extrema que llegamos a vivir.

Siempre acabo escribiendo de lo triste que es perder a quien más quieres, porque un corazón que sigue roto solo puede pensar en cómo se destruyó. Es entonces cuando los recuerdos se acumulan, todo se vuelve en siete tonos de tristes y las lágrimas se escapan; es la manera de que los recuerdos duelan menos. Aunque no siempre es así, porque cuando todo son recuerdos y no deseas otra cosa que no sea la caída de la noche para que al fin caigan las lágrimas sin preguntas; pues dejan de doler menos, para doler el triple.

Tantas veces me dijeron eso de “no llores por amor”, y ¿por qué voy a llorar si no? Ay el amor, que feliz es ser correspondido y que triste cuando ni siquiera empieza.
Aunque a veces lloramos por personas que no merecen la pena, esta vez no es una de esas veces… Porque duele, duele de verdad.

Él es esa espina de la rosa más hermosa que se clavó en el jardín de mi roto corazón. Él es la melodía más bonita que jamás podré escuchar. Y solo con pensar en la distancia de sus labios a los míos, mis ojos se humedecen y avisan con volver a traicionarme una vez más por pensarnos, cuando no somos nada…

Algún día ambos abriremos los ojos, él quizás para ver que le he querido como a nadie y yo tal vez, para ver que no me va a querer como yo a él. Aunque ojalá y me equivoque, y siga yo con la venda en los ojos que lleva escrita la palabra “enamorada” con mayúsculas bien grandes, y sea él quien retire de sus ojos esa engañosa realidad donde no ve que estoy por y para él; y eso en cierto modo es malo…

No sé nunca como terminar, así que, por si me lees te dejo escrito lo siguiente:

Te quiero.

La melodía sin nombre.

Se podría escribir de cómo nos sentimos respecto al mundo, pero nadie podrá entender cómo me siento cuando la noche cae y el silencio se adueña de todo; entonces es cuando tus manos tocando las mismísimas voces angelicales se cuelan en mis oídos, es cuando me dejo perder, cuando no encuentro rumbo, porque son los acordes los que forman el camino de mi incierta vida.

Cada nota deseosa de formar parte de tu melodía espera para ver si tiene la suerte de ser acariciada, al igual que espero yo para ser una de esas personas que aparecen en tu vida y dejan huella. Cada nota que forma parte de tu melodía se cuela en mis auriculares y me transportan al paraíso que creaste al componer la que quiero que sea mi banda sonora para el resto de la vida; porque me tranquiliza, me adormila, me hace sacar las malas cosas de mi ser, me hacen sentir en una nube. 

Son tus prodigiosos dedos los que están embrujados creando esta nube en la que me encuentro.

Ojalá algún día encontréis a esa persona que es capaz de llegar al corazón sin rozaros siquiera, ojalá algún día encontréis a esa persona que es capaz de haceros olvidar todo, ojalá algún día encontréis a la persona que queréis ver todas las mañanas al despertar y todas las noches al cerrar los ojos; porque así somos los humanos, caprichosos, no nos basta con que nos acompañen durante gran parte de la vida que seguimos queriendo tener a esa persona, que ojalá algún día todos encontremos, en nuestros sueños.
¿Y os doy un consejo? 

Estoy segura de que llegará, solo es cuestión de vivir, y en alguna de tus aventuras aparecerá y sabrás que es esa persona y nadie más, y aunque parezca algo irreal, es así.

Sí, es obvio que sigo en busca de esa persona; pero cuando tantas palabras se escriben solas por el sonido de una melodía, ya debe ser buena la melodía, que lo es, y ya debe ser especial la persona para que sea el culpable de estas 349 palabras, y que van sumando y sumando, porque el bucle de él y su piano es el bucle más bonito que jamás escucharé.

Y por último decir que siempre quedarán estas letras haciendo inmortal tu música, mis sentimientos y a un nosotros inventado. 

Atardecer.

Atardeceres, puesta de sol, llámalo como quieras, pero yo vivo enamorada de como una parte del cielo se tinta de colores rosados y anaranjados y el resto se va oscureciendo hasta que cae la señora noche. 

Se dice que los atardeceres son únicos y que nunca más verás uno igual, he de decir que es verdad, que mi memoria guarda muchos tonos distintos y muchas formas diferentes de apagarse el cielo.

Pero, sin duda alguna, el atardecer más bonito fue cuando la lluvia dejó de derramar su pena y dio paso al atardecer, aún con los cristales empañados y llenos de lo que hace unos instantes era lluvia, pude apreciar esos minutos que parecen eternos hasta que todo se vuelve de un azul tan oscuro que acabamos llamándome noche, en ese momento los minutos eternos pasan a ser segundos que corren demasiado rápido. Ese brillo que se escondió por la colina, junto con las gotas de la lluvia, fue el fenómeno meteorológico más bonito; porque no pensaba en nadie, nada y no había problemas, era como si esos últimos rayos de Sol se llevarán mi tristeza con ellos. 

¿Y el amanecer? 

Sin duda el amanecer más bonito lo presencié justo después de memorizar las distintas tonalidades que se hayan en tus ojos marrones, esa noche que quería ser día, fue cuando contigo disfruté del primer beso al alba, a lomos de un nuevo rayo que acariciaría el que creía mejor día; pero no fue.

Y ahora, ya no miro amaneceres, porque se tiñen de esa triste llovizna, mis ojos. Y no me dejan ver con claridad la luz del que podría ser mi mejor día. 

Por esa misma razón ya no fotografío atardeceres, porque sus rayos, ya no se llevan mi pena.